INSPIRADA en las casas patronales de las grandes fincas guatemaltecas del siglo XIX, Villa la Merced se sitúa en lo alto de una colina desde la cual se contempla un hermoso bosque natural. Su pureza geométrica se exalta por el uso de muros estructurales de ladrillo y piedra martelinada, así como por el imponente techo de madera que la remata.

La villa recibe al visitante  en una hermosa calle privada que asciende hasta llegar a una plazuela delimitada por un talud verde, una estructura auxiliar para vehículos y el arco de entrada que perfora la solidez de la fachada principal de la casa. Este arco se convierte en un acogedor zaguán que recibe al visitante, conectando el espacio exterior al interior.

El interior se organiza alrededor de los espacios sociales más importantes de la casa, como varias salas, un estudio, y una sala principal cuya  gran altura que permite la conexión visual con la sala familiar. En esta última, también de gran altura y ubicada en el segundo nivel, predomina la autenticidad estructural de las vigas de madera que sostienen el techo. Una Capilla Familiar se incrusta bajo una parte de la techumbre de madera, la cual continúa con el concepto ascendente del diseño.

Todos los niveles están cómodamente conectados por unas gradas que con una amplia ventana abocinada octogonal, permite una agradable distribución en todos sus niveles. El nivel inferior posee una acogedora cava y sala de juegos integrada al jardín, completando así la armonía y la secuencia de los espacio sociales.

Al exterior de la sala principal, y como una extensión de la misma, un amplio pórtico de piedra martelinada y terraza española se reposa en la colina como un mirador sobre el jardín y sobre el bosque en el horizonte. Un horno de leña como un punto escultórico-focal acompaña la composición de este agradable espacio exterior.

Créditos

Diseño: Arq. Pedro Pablo Godoy Barrios y Arq. María Fernanda Sánchez, Estudio Urbano
Interiores: Cliente
Planificación: Estudio Urbano
Contratista General: LC Construcciones